Videodrome (1983)

videodrome-1983Max Renn, un aburrido operador de televisión por cable, descubre un día una televisión “real” llamada Videodrome. Una palpitante pesadilla de ciencia-ficción que nos muestra un mundo en el que el vídeo puede controlar y alterar la vida humana.

Después de una serie de títulos comerciales o bien de trama bastante sencilla y asequible el cuerpo me pedía algo diferente y me acordé de David Cronenberg, este director en casi todas sus películas va a colmar la sed de cualquier aficionado que tenga ganas de ver elementos transgresores y provocativos. Por eso creo que era el momento perfecto de revisionar (a falta de ver Inseparables) la película más extraña que filmó en los ochenta.

Dos años después de rodar Scanners y llevarse gran reconocimiento y una suma considerable en recaudación, Cronenberg se embarcó en un proyecto mucho más arriesgado y retorcido, hablamos de Videodrome, 1983.

En ella narra la historia de Max Renn (James Woods), un cínico y provocador directivo de Civic TV, una pequeña cadena de televisión que sobrevive gracias a mostrar a la audiencia contenidos explícitos que no se encuentran en ninguna otra parte. En su búsqueda de material nuevo, Max da con una débil señal de televisión que lo único que emite son torturas supuestamente reales a mujeres por parte de unos tipos encapuchados.

El problema llega tras ese primer encuentro de Max con Videodrome, aunque al principio se encuentra fascinado y encantado con el hallazgo, poco a poco comienza a perder la noción de la realidad, todo su mundo comienza a transformarse con alucinaciones y deformaciones de su propio cuerpo hasta que ya no puede distinguir las pesadillas de la realidad.

Contado así suena todo muy morboso e interesante y debería hacer las delicias de muchos… el problema es que no mola tanto como parece. A pesar de contar con una idea muy original con elementos como las snuff movies, el sadomasoquismo y la influencia de la televisión sobre las masas todo se diluye bajo tanto delirio encadenado, cuando precisamente debería despegar es cuando se estrella, en medio de la locura de Max la película muestra una falta de ritmo considerable, haciendo que el espectador desconecte en infinidad de ocasiones.

La idea es genial, lo que cuenta es interesantísimo pero torpemente ejecutado, sin mencionar los efectos que tan malamente han envejecido. Afortunadamente Woods, que está impecable durante toda la película logra rescatarnos cuando en esos momentos estemos a punto de evadirnos por completo del film.

Muy buenos y prometedores 40 minutos… algo tostón y confusa en sus 48 restantes. ¿Larga vida a la carne? Pues no sé yo…