Brazil (1985)

pelicula-brazil-1985En un extraño y deprimente universo futurista donde reinan las máquinas, una mosca cae dentro de un ordenador y cambia el apellido del guerrillero Harry Tuttle (Robert de Niro) por el del tranquilo padre de familia Harry Buttle, que es detenido y asesinado por el aparato represor del Estado. El tranquilo burócrata Sam Lowry (Jonathan Pryce) es el encargado de devolver un talón a la familia de la víctima, circunstancia que le permite conocer a Jill Layton (Kim Greist), la mujer de sus sueños. Y, mientras la persigue, hace amistad con Harry Tuttle y se convierte en su cómplice.

Surrealista, extraña, grotesca, divertida… aún sigo sin saber muy bien como catalogarla y es que es el efecto que suele provocar el cine de Terry Gilliam, y con Brazil (1985) yo diría que riza el rizo. Brazil se puede considerar la segunda entrega de la llamada “trilogía de la imaginación”, anteriormente realizó Los héroes del tiempo (1981) y más adelante llegarían Las aventuras del barón Münchausen (1988) pero sin duda la más controvertida de todas es la que nos atañe hoy.

Pese a contar con una base de ciencia ficción son interminables los subgéneros que incluye, neo-noir, cyberpunk, fantástico… Yo la definiría algo así como una versión esquizofrénica de la novela 1984 de George Orwell, las similitudes que comparte son más que obvias pero con las excentricidades propias de Gilliam con lo que tenemos un mundo retrofuturista, oscuro y gris controlado por una inútil burocracia que únicamente se limita a tapar los crimines perpetrados por un gobierno totalitario capaz de secuestrar y torturar a un ciudadano por una simple sospecha o por un error de papeleo.

La idea en sí parte interesantísima y posee una originalidad que hace que el film se convierta ipso facto en una película de culto, sin embargo y en esto puede que los fans del ex Monty Phyton no estén de acuerdo conmigo, creo que a medida que avanza el film la línea entre drama, comedia y fantasía se rompe, el buen equilibrio que había se va al traste por un guion mal ensamblado, dando la sensación de que a Gilliam solo le importaba que todas y cada una de sus idas de olla salieran en la película sin importar el orden o como iba a afectar eso al ritmo y a la narrativa. En muchos momentos se hace imposible concentrarse en la historia entre tantos excesos y estridencias y es una auténtica lástima porque hay muchas, muchísimas escenas que son dignas de elogio y con un humor negro delicioso, la secuencia donde Santa Claus le pregunta a un niño que es lo quiere por Navidad y este le responde que quiere una tarjeta de crédito es buenísima.

Por ello y pese a contar con un guion anárquico solo me queda aplaudir la valentía y la imaginación desbordante de su director por ofrecernos una película diferente y ahora que estamos en una época donde la imaginación brilla por su ausencia y en la taquilla mandan las secuelas interminables y los remakes, este tipo de cine es más que bien recibido.