Maniac (1980)

maniac-1980-posterUn asesino se mueve por las calles de Nueva York. Mata a mujeres brutalmente, se lleva sus cabelleras y las expone en maniquís en su asqueroso apartamento. Es su único contacto con el mundo fuera hasta que conoce a una guapa fotógrafa. Pero… ¿puede un maníaco formar simple amistad?

Antes de hincarle el diente a las dos últimas películas rodadas en los 80 de nuestro querido Jason Voorhies, he querido calentar motores con otro slasher que al igual que el primer film de Viernes 13 fue rodada con muy bajo presupuesto aunque acabó recibiendo buenas críticas y creando su pequeño grupo de fans. Bueno, está claro que no llegó a la altura de icono, ni se venden máscaras con el careto de su asesino pero con el tiempo ganó muchos puntos.

Fue dirigida por William Lustig en 1980 y es de lejos el mejor trabajo que ha realizado hasta la fecha, ya había debutado en el cine con dos proyectos de menos de 60 minutos y no terminaron de salir muy bien en los años 77 y 78, así que podríamos considerar a Maniac su primera película a fin de cuentas.

Maniac a diferencia de otros slasher de la época, nos muestra durante prácticamente todo el film la perspectiva del asesino y no de las víctimas, algo que siempre me ha parecido muy interesante, aquí el protagonista es el psicópata Frank Zito, que está bastante bien interpretado por Joe Spinell (conocido también como Gazzo, el gangster de Rocky o Willie Cicci en el Padrino I y II) y está ambientada en esa Nueva York antigua deshumanizada y peligrosa que veíamos en los ochenta.

La ambientación es muy sórdida y el hecho que fuera de bajo presupuesto ayuda a sumergirnos en esa suciedad, logrando la repulsa y asco del espectador aun sin haber visto todavía las escenas gore realizadas por Tom Savini.

La pegas que se le pueden poner es que a pesar de que su look underground ayude en cierta medida a la ambientación también deja patente sus defectos pareciendo en algunas escenas una película casera grabada por cualquier video aficionado y el exceso de oscuridad a veces resulta muy molesto haciendo que este título solo sea recomendado para cierto sector sediento de sangre, efectos especiales desbordantes de vísceras y que busquen algo más que una película de terror convencional.

Lo mejor: Es diferente a la mayoría de slasher que se pueden encontrar en los ochenta, más seria, más perturbadora y no dejará indiferente a nadie.

Lo peor: Su bajo presupuesto es un arma de doble filo y en algunos casos puede ser muy incómodo encontrar escenas tan oscuras.

Para terminar dejaré un dato interesante sobre su director que tal vez muchos no sepan y es que Lustig es nada menos que sobrino de Jake LaMotta, boxeador al que dio vida en el cine Robert De Niro en Toro Salvaje.