Conan, el bárbaro (1982)

conan-el-barbaro-1982-posterUn niño que pertenece a una tribu primitiva graba en su memoria los rostros de los guerreros que han exterminado a su familia y a él lo han vendido a unos mercaderes de esclavos. Años después, el joven se ha convertido en un forzudo y valiente guerrero.
De las primeras películas de espada y brujería que recuerdo y sin duda una de sus mayores exponentes, centra su historia en la venganza de Conan hacia el líder del culto de la serpiente, Thulsa Doom.

En esta película (John Milius, 1982) veremos a Arnold Schwarzenegger en estado puro, es decir, el 90% de la peli está sin camiseta y enseñando los matices interpretativos que le llevaron a hollywood en forma de bíceps y dorsales, aunque, ¿a quién siendo niño no le impresionaba ver un héroe así? En una época en la que no había tanta afición al gimnasio y actores con ese físico imposible eran la excepción, era terminar de ver la peli e irte a jugar espada de plástico en mano con tus amigos pidiéndote ser Conan.

La historia comienza con Conan de niño interpretado por un pequeño Jorge Sanz, que aún hoy revisionando la peli te atrapa verlo ahí con su eterna cara de estar pensando ¿cuánto es la raíz cuadrada de novecientos ochenta y seis?, en la cima de una montaña con su padre contándole cómo consiguieron los hombres el enigma del acero de manos de Crom, su dios, para más tarde ver como llegan los guerreros de Thulsa Doom y masacran la aldea donde vive, dejándolo a él como único superviviente para venderlo como esclavo, cada una de estas escenas sin apenas diálogos vienen acompañadas por un tema a cuál más épico que te mete de lleno en su mundo de fantasía.

Una vez adulto, tratan de explicarnos cómo llega a alcanzar su potente físico, tras largos años empujando un torno gigante que lo va poniendo más y más fuerte, lo compran y adiestran como perro de pelea hasta convertirse en el mejor, lo que le vale para ser liberado. A partir de ahí comienza una vida de ladrón hasta que tras un par de golpes de suerte lo llevan a una misión que lo reencontrará con el asesino de su madre.

A quien le guste la acción pura sin mucho que pensar o simplemente quiera ver al Arnold Schwarzenegger más brutal y sádico, esta es su película. Exceptuando la reflexión de Thulsa Doom sobre el poder de la carne sobre el acero, el resto es espada para arriba espada para abajo acompañada de una de las mejores bandas sonoras de los 80 y me atrevería a decir de todos los tiempos, compuesta por un Basil Poledouris en estado de gracia, y que sinceramente vale la pena ver solo por escuchar esta obra maestra mientras Conan se deshace de 10 enemigos a mandoble puro junto a Valeria y Sabotai, quienes lo acompañaran a lo largo del film.